Educación fuera del aula: ¿Por qué es urgente el desarrollo de la AMI?

El aprendizaje de niños, niñas y adolescentes no ocurre solo en las instituciones educativas. Si bien la escuela es un espacio fundamental para su formación no es el único lugar donde adquieren conocimientos, desarrollan habilidades o aprenden a relacionarse con su entorno. La familia, el entorno social y otros aspectos de la vida cotidiana también cumplen un papel importante en este proceso.
En ese entorno de aprendizaje también tienen un lugar cada vez más importante los medios de comunicación y las tecnologías digitales. La televisión, la radio y el internet, sobre todo las redes sociales, las plataformas digitales y los videojuegos, los ponen en contacto permanente con una gran variedad de información, ideas, opiniones y formas de entretenimiento.
El diagnóstico de la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) elaborado por CONCORTV (2023) ya advertía sobre la importancia que tienen los medios y las tecnologías digitales en la vida de la población y planteó la necesidad de fortalecer las capacidades para acceder, comprender y analizar críticamente los contenidos que circulan en estos espacios.
Las redes sociales, por ejemplo, no solo ofrecen entretenimiento. En ellas se encuentran noticias, opiniones, publicidad, contenidos educativos y también información falsa o manipulada. Los videojuegos, por su parte, pueden ofrecer oportunidades para la creatividad, la colaboración y el aprendizaje, pero también presentan riesgos relacionados con la privacidad, los contenidos inadecuados y las prácticas comerciales dirigidas a sus usuarios.
Según Laura León, docente e investigadora de la Universidad de Lima, los niños tienen capacidad de agencia en los entornos digitales donde crean cultura, reinterpretan la lógica y las dinámicas que ocurren en videojuegos como Roblox. “Los niños no son usuarios pasivos que solo siguen instrucciones, sino que resignifican el juego”, afirma.
Frente a este escenario, la AMI resulta fundamental, pues implica que un estudiante pueda preguntarse quién creó un contenido, con qué propósito, qué información utiliza para sustentar lo que afirma, qué intereses puede haber detrás y qué tan confiable es la fuente. También significa comprender cómo funcionan las plataformas, reconocer la publicidad y los contenidos patrocinados, proteger la privacidad y participar responsablemente en los espacios digitales.
Por ello no debe entenderse como un aprendizaje adicional, sino como una competencia necesaria para desenvolverse en la sociedad actual. Su desarrollo requiere involucrar a las instituciones educativas, docentes, familias, medios de comunicación y otros actores que forman parte del entorno de niños, niñas y adolescentes.